miércoles, 6 de octubre de 2021

Crónicas de la Feria de San Miguel de Sevilla



¿Te perdiste algún festejo de la Feria de San Miguel de Sevilla? En la sección Artículos y Crónicas II encontraréis la recopilación de todas mis crónicas de todo lo acontecido.

Sandra Carbonero

viernes, 1 de octubre de 2021

La inspiración divina de Morante

 

Morante de la Puebla. Foto: Toromedia


La tarde histórica que se ha vivido en la Maestranza será difícil de olvidar. Morante bordó el toreo en mayúsculas. Firmó una faena que quedará grabada en los anales de la historia del toreo de Sevilla. La pregunta que queda es: ¿qué hay que hacer para cortar un rabo en esta plaza?

Morante de la Puebla recibió por verónicas encajadas al que abrió plaza. No estaba sobrado de fuerzas y ante las protestas del público fue devuelto. En su lugar salió Noctámbulo, también de Juan Pedro. No pisó el ruedo con buen pie. Se pegó una fuerte voltereta antes de entrar al caballo. Muy desclasado, saltando y dando cabezazos al final del muletazo pasaba por la muleta de José Antonio. Las ganas del torero podían con las malas formas del toro. Se esforzó y, pese a que fue imposible armar faena, dejó un par de muletazos con mucha personalidad. Todo muy efímero.

El lío gordo llegó cuando Morante recibió a Jarcio. Fueron tres cambios de rodillas a los que le siguieron verónicas a cámara lenta y una media de libro. El público se puso en pie. Y la música sonó. Al caballo lo llevó con un galleo hacia atrás con tijerillas. Luego meció al toro en dos verónicas y una media de ensueño. Pero la inspiración no acabó ahí. No tuvo un toro de triunfo. En realidad, era un medio toro al que exprimió. Genuflexo y a dos manos lo sacó al centro del redondel. Las primeras dos series fueron inciertas. José Antonio no se achantó. Los naturales emanaron con barroquismo. Fueron profundos y templados. Toreando roto. Acabó exponiendo demasiado. Valentísimo, metido entre los pitones hasta que lo volteó. La locura se apoderó de los tendidos. Dio una última serie dolorido por la cogida antes de volcarse detrás de la espada. Cayó el toro y los dos pañuelos asomaron por la presidencia. Una obra antológica para el recuerdo que debería de haber sido culminada con la salida por la Puerta del Príncipe. Pero en esta ocasión, la lógica numérica se impone al arte y los sentimientos.

Juan Ortega tiene la suerte de haber nacido con el don del temple y lo demuestra cada tarde. Guiñol no le permitió deslumbrar como en días anteriores. En cambio, Roca Rey sí arrancó las palmas con su quite por chicuelinas. Con mucha torería se llevó a los medios al astado para estructurar la faena. Plasmó una primera serie con suavidad que remató con un pase de pecho eterno. Continuó al natural con mucha sevillanía. Pero lo mejor llegó con la diestra. Muletazos con gran despaciosidad que arrancaron los olés. Se vino abajo pronto el animal, pero le permitió hacer a Juan una faena medida. Pinchó antes de dejar una estacada en todo lo alto.

Después del lío de Morante no era fácil salir a torear el quinto. Ortega tomó el capote y volvió a dejar unas verónicas templadísimas. Vistoso llegó desfondado al último tercio. Ente pase y pase tenía que perderle unos pasitos para volver a colocarse para batallar contra la embestida cansina y sin ritmo y lo andarín que se volvió. Se mostró correcto, pero con un oponente así no puedes llegar a los tendidos.

Con pases cambiados de rodillas comenzó la faena de muleta del tercero Roca Rey para calentar a los tendidos. Continuó en las distancias cortas, como es normal en él. Lo condujo intentando alargar la embestida poco lucida del Juan Pedro. La gente se impactó y se fue a por la espada.

Y después de Morante y Ortega, Andrés puso de manifiesto sus intenciones. No tiene la torería de ellos, pero dejó su personalidad y su impronta con el capote. Tutelado, al igual que sus hermanos, tampoco sirvió. Y menos, si cabe, para las exigencias del toreo del diestro peruano.

La Maestranza se vaciaba poco a poco mientras que por el Arenal los aficionados iban toreando al compás de la sinfonía de toreo de Morante.

 

Ficha del festejo:

Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Duodécima de abono. Feria de San Miguel. Lleno de “No hay Billetes” con el aforo permitido.

 

Toros de Juan Pedro Domecq, el 1° como sobrero, y de Parladé (5°) bien presentados y de juego desigual.

 

Morante de la Puebla (fucsia y azabache): silencio y dos orejas.

Juan Ortega (grosella y azabache): ovación con saludos y ovación con saludos.

Roca Rey (catafalco y oro): ovación con saludos y silencio.

 

Saludó Juan José Domínguez tras banderillear al tercero.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Tres orejas, tres toreros diferentes



El Juli. Foto: Toromedia


La corrida de Hermanos García Jiménez sorprendió gratamente. Resultó ser la más completo hasta el momento. Cierto es que hubo toros de todo tipo. Armónicos, algunos bravos, un par manso y el último peligroso. Se enfrentaron a ella una de las ternas más rematadas. El Juli, Manzanares y Paco Ureña cortaron cada uno una oreja con tres faenas totalmente distintas y con tres toros con cualidades diferentes.

El Juli recibió al primero con un ramillete de verónicas llevándoselo al centro del platillo. Quitó por chicuelinas a pies juntos. Ateo III metió la cara con clase y humillación en las telas. Con doblones muy toreros se lo llevó fuera de las rayas de picar. Desde los medios lo citó y se vino pronto a la muleta. Muy largos fueron los muletazos que emanaron por el pitón derecho. Por el izquierdo tendía a meterse por dentro, pero Julián lo condujo intentando alargar su embestida. Culminó con una serie con la diestra con muletazos de mucha profundidad. Fue una faena seria y asentada con un toro de calidad, pero exigente. Se tiró a por todas a matar y dejó una estocada traserita que le valió la oreja.

Colocó Julián a Estéreo en el caballo con unas verónicas y una media con mucha suavidad. La falta de fuerza fue su hándicap y el tercio de banderillas no le sentó nada bien. El Juli se fue a los medios con el astado. Era muy noble, aunque estaba escaso de fondo. Lo llevó templado en la muleta, pero al bajarle la mano clavaba los pitones en el suelo constantemente y perdía las manos. Algo que deslució la labor seria del diestro madrileño.

Desentendido saltó al ruedo Esaborio. Manseó en el caballo e incluso huyó del segundo puyazo. Manzanares lo vio claro e inició la faena al natural con muletazos de mano baja. Por el pitón derecho, lo llevó metido en la muleta, tapándole la salida para que no se fuese y lo toreó con series en redondo. Exprimió cada arrancada del de Olga Jiménez. Aunque fue mansito tuvo emoción. Jose Mari erró en varias ocasiones con la espada (raro en él) y perdió la oreja.

Industrial, aunque tenía buena condición, iba muy justo de fuerzas. El público lo protestó fuertemente en varas y banderillas, pero el presidente aguantó la presión y no lo devolvió. Galopó en la muleta de Manzanares. El torero alicantino estuvo inteligente dándole tiempo y distancia con series muy medidas. Fue construyendo poco a poco una faena en la que lo mejor llegó por el pitón derecho. Hubo varias tandas largas y con despaciosidad. Sentenció con una estocada recibiendo fulminante y obtuvo un apéndice.

Hasta a los medios por verónicas se llevó Paco Ureña a Derribado. Con delantales muy suaves quitó. El murciano comenzó inmóvil con estatuarios muy reunidos. Estuvo correcto y firme dejando ver detalles de su pureza, pero el de García Jiménez se vino abajo en la tercera serie. Algo que repercutió en la transmisión de su labor pese a su buen hacer.

Cerró la tarde Almendrito. Un colorado, chorreado, de bonitas hechuras pero que hizo cositas de manso en varas. Ureña se fue a los medios para plantarle cara. Sabía que tenía una papeleta difícil que resolver. Embestía sin ninguna clase y buscado constantemente al murciano. Pasó momentos de mucho apuro. Se impuso a él con una serie rotunda que hizo sonar la música con la faena avanzada. Demostró un valor inquebrantable. Continuó en la cara del animal hasta meterlo en el canasto. Entró a matar recibiendo dejando la espada un poco baja. Afloraron los pañuelos y paseó el último apéndice de la tarde.


Ficha del festejo:

Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Undécima de abono. Feria de San Miguel. Casi lleno del aforo permitido.

Toros de García Jiménez y Olga Jiménez (2°) bien presentados, destacó el primero, tercero y sexto más complicados.

 

Julián López "El Juli" (azul azafata y oro): oreja y silencio.

José María Manzanares (sangre toro y oro): ovación con saludos y oreja.

Paco Ureña (rosa palo y oro): silencio y oreja.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

El capote y la autoridad de Daniel Luque iluminan una tarde gris

Daniel Luque. Foto: Toromedia


Fuente Ymbro fue la ganadería triunfadora en la última Feria de Abril. Había mucha expectación por ver qué toros traía Ricardo Gallardo en esta ocasión a la Maestranza. La terna también era muy esperada. Tanto Antonio Ferrera, como Miguel Ángel Perera y Daniel Luque cumplían su última tarde en el ciclo. Estos dos últimos, lo hacían con el sabor especial que dejaron en sus anteriores comparecencias. Al final, es el toro el que decide el sino de una de corrida y, en esta ocasión, Fuente Ymbro provocó desazón y malestar en los tendidos.

La función comenzó con Ojinegro. Un toro de 630 kg y de hechuras imponentes. Metió la cara con clase y humillación en el capote de Antonio Ferrera. Brindó al respetable y se lo llevó con una serie con la diestra hacía los medios. En esos terrenos el de Fuente Ymbro no embistió igual y decidió cerrarlo. Lo intentó el extremeño por todos los medios, pero el toro no le volvió a regalar nada más. Cada vez más corto y más protestón finalizó el diestro sin lucimiento.

Con el cuarto, Ferrera no tuvo ninguna opción por ningún pitón. Lo intentó, pero el astado era reservón, no tenía recorrido, pero sí cierto peligro. El público se impacientó y Antonio se fue a por la espada.

Por verónicas ganándole terrenos hacia los medios saludó Perera al primero de su lote. Hortelano se arrancó desde lejos y con alegría en sus dos encuentros con el caballo. Distinto fue en la muleta en la que acusó la falta de fondo. En el inicio cayó desplomado y cuando Miguel Ángel intentaba que humillara, perdía las manos. Tomó la muleta andando y sin ninguna emoción. El diestro no pasó de voluntarioso.

Vinazo puso en apuros a la cuadrilla de Perera en el tercio de banderillas en la que destacó un sobresaliente Curro Javier. No tuvo una papeleta fácil Miguel Ángel. Lo toreó siempre fuera de la raya de picar para intentar que no se rajara. Fue otro Fuente Ymbro falto de casta y fondo con una embestida irregular. El extremeño estuvo muy firme, pero fue imposible el lucimiento.

Con un ramillete de verónicas gustándose y con las zapatillas enterradas en el albero recibió Daniel Luque a Levítico. El lío con el capote continuó con el galleo para colocarlo en el caballo y el quite, otra vez, por verónicas. Por abajo y exigiéndole comenzó el de Gerena su labor. El animal tenía clase y humillación y pronto caló en los tendidos. Al natural iba al hilo de la muleta y salía desentendido, pero Luque se impuso a él con torería y mando. Pinchó y tras la estocada tardó en caer y se enfrió un poco el ambiente y

Guardés cerró la tarde entre el desasosiego de los aficionados. Tampoco fue un buen toro, pero Daniel volvió a estar muy por encima de él. Se encontró con un oponente desclasado y que no rompió hacia adelante.

 

Ficha del festejo:

Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Décima de abono. Feria de San Miguel. Más de media entrada del aforo permitido.

 

Toros de Fuente Ymbro con exceso de kilos y deslucidos.

Antonio Ferrera (verde y oro): silencio y silencio.

Miguel Ángel Perera (grosella y oro): palmas y silencio.

Daniel Luque (azul y oro): ovación con saludos tras aviso y silencio.

 

Javier Ambel saludó tras banderillas en el segundo y Curro Javier en el quinto.

martes, 28 de septiembre de 2021

Luchar contra lo imposible

 

Calerito. Foto: Toromedia


Calerito, Manuel Diosleguarde y Jorge Martínez fue la terna designada como triunfadora de la temporada para actuar hoy en la Maestranza. Tres jóvenes novilleros que tienen tres conceptos diferentes del toreo pero en común guardan la ilusión y las ganas por llegar lejos. El hándicap con el que se toparon es una novillada imposible de Rocío de la Cámara.

 

Abrió plaza Alba, un novillo sardo de grandes hechuras. Ya en el capote se observó que Calerito no lo iba a tener nada fácil. Tomó la muleta de forma irregular, saltando, donde cabezazos y echando la cara arriba al final del muletazo. Por el izquierdo, en cambio no tenía recorrido. El novillero estuvo firme e intentando justificarse ante un animal carente de casta y sin transmisión.

A portagayola se fue Calerito en el cuarto calentando a los tendidos con un recibo emocionante. Se dolió en varas Atónito y huyó corriendo hasta la puerta de chiqueros. En los preámbulos de la faena de muleta, Juan Pedro fue cogido feamente. Se repuso pronto del susto y consiguió que la música sonara por primera (y última) vez en la tarde. Extrajo los muletazos más lucidos con la embestida más rítmica que hubo a media altura. Al natural plasmó naturales con despaciosidad rematados con una trincherilla gustándose. La espada, pese a la petición, fue quien le robó la oreja.

Con un ramillete de verónicas saludó Diosleguarde al segundo de la tarde. Hasta en dos ocasiones volteó en el quite a Jorge Martínez. Manuel se templó en las dos primeras series en las que su oponente embistió bien. Luego fue otra historia. Brasileño empezó a querer huir a tablas pero, en su buen hacer, el salmantino le tapó siempre la salida. Con la izquierda embestía andando y echando la cara arriba. Lo mejor fue su entrega y el oficio que mostró al saber estructurar una faena intentando solventar las dificultades que le planteó el de Rocío de la Cámara.

Diosleguarde lo puso todo con el quinto. Es un novillero inteligente y con grandes cualidades. A media altura lo condujo con la diestra las pocas medias embestidas que le regaló en dos series. Al natural se quedaba corto y pasaba caminando. El astado se vino a menos y poco pudo hacer pese a su superioridad.

Al igual que sus hermanos anteriores, Patatero dejó entrever su falta de bravura desde que salió. Jorge Martínez, además tuvo que hacer frente a más complicaciones. Estuvo muy valiente aguantando miradas y parones. Tenía una embestida irregular y se le coló en varias ocasiones por dentro hasta que levantó al novillero por el pecho. Se vivieron momentos de mucha angustia. Al final acabó rajándose

El sexto fue a la postre el peor de todos. En banderillas, hirió al banderillero Juan Rojas. Jorge le plantó cara a una auténtica alimaña que lo único que quería era cogerlo. Tuvo que irse a por la espada sin poder hacer nada.

 

 

Ficha del festejo:

Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Novena de abono. Feria de San Miguel.

 

Novillos de Rocío de la Cámara y Cortijo de la Sierra (3° y 4°) bien presentados pero faltos de casta.

 

Calerito (berenjena y oro): palmas y vuelta tras petición.

Manuel Diosleguarde (verde hoja y oro): ovación con saludos y silencio.

Jorge Martínez (azul marino y oro): ovación y silencio.

 

Juan Rojas fue cogido al banderillear al sexto. El parte médico señala un “varetazo corrido en la región inguinal derecha”.

 

Jorge Martínez fue atendido en la enfermería de “una contusión en la cara interna del muslo derecho y varetazo corrido en la cara anterior del muslo izquierdo”.

jueves, 23 de septiembre de 2021

La verdad y el temple de Emilio de Justo

 

Emilio de Justo. Foto: Toromedia


Con una sonora ovación recibió la Maestranza a dos toreros que fueron a jugársela todo con un encierro de Victorino Martin. Una ganadería extremeña para un duelo entre dos toreros de la misma tierra.

Pero la tarde tuvo nombre propio: Emilio de Justo. La dimensión que demostró y el buen toreo que realizó lo encumbró rozando la Puerta del Príncipe.

Su compromiso empezaba con claroscuros. Bochorno saltó al ruedo con muchos pies, estrellándose contra el burladero y rompiéndose el pitón por lo que tuvo que ser devuelto. En su lugar salió Verdadero, al que recibió con un ramillete de verónicas templadas. Por abajo y con mucha despaciosidad inició el extremeño su faena bajo el diluvio. Por este motivo, Emilio resbaló y, pese a hacerse él solo el quite, lo cogió de manera muy fea pero sin consecuencias. El Victorino pasaba sin humillar y quedándose corto. El extremeño cimentó una faena a base de firmeza y temple. Con la diestra lo llevó con suavidad y con mucha personalidad. Por el otro pitón, lo intentó con el toro se había venido ya a manos. El público estuvo muy entregado con él y con su meritoria y seria labor.

El toreo caro de Emilio de Justo relució con Portezolano. Fue un toro encastado, con clase y humillación y lo cuajó de principio a fin por ambos lados. El cacereño lo empujó hacia adelante dejándole las telas en la cara e imprimiéndole temple. Los muletazos brotaron con emoción y hondura. Al natural interpretó el toreo puro que le caracteriza en su máxima expresión. La Maestranza se puso en pie cautivada por Emilio. Una estocada como epílogo de su obra y cortó las dos orejas.

Con la Puerta del Príncipe entreabierta, fue a por todas en el que cerraba plaza. Lo saludó por verónicas llevándoselo a los medios. Remató con una media antológica. Por chicuelinas replicó al quite de Ferrera. De forma irregular tomó la muleta por el pitón derecho. Por el izquierdo, lo consintió e hizo que rompiera hacia adelante hasta conseguir una excelsa tanda templadísima. El toro fue recortando el recorrido en las siguientes y acusó la falta de fondo. La espada resbaló y no entró a la primera. Le pidieron la oreja pero no fue no suficiente para pasear la oreja que lo alzara por la puerta de los sueños.

Antonio Ferrera llegó a Sevilla en una semana épica. El domingo se encerró con seis toros en Nîmes y el lunes actuó en otro mano a mano en Logroño.

Cuidaron mucho en los primeros compases de la lidia a Mosquero, que atisbaba la falta de fuerzas. Lo condujo a media altura con suavidad llevándolo muy tapado para sujetarlo en la muleta. Por el pitón izquierdo aguantó miradas y paradas exponiendo mucho. El toro pasaba quedándose corto y echando la cara arriba al final del muletazo. Culminó con un estoconazo. 

Pobrecito tampoco le dio muchas opciones a Ferrera. Estuvo voluntarioso y tiró de oficio para batallar con un mansito y sin entrega.

Garañuelo fue el que le permitió realizar lo más destacado de su paseíllo en Sevilla. Tenía movilidad y humillación pero había que hacerle las cosas bien. Se fue a los medios para citarlo en las distancias justas. Aprovechó las inercias del astado y lo toreó a media altura por el pitón derecho. Por el izquierdo, se sintió más y estuvo más templado. Dejó media estocada pero el palco no le otorgó la oreja.

 

Ficha del festejo:

Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Quinta de abono. Feria de San Miguel. Más de media entrada del aforo permitido.

 

Toros de Victorino Martín, el segundo como sobrero, bien presentado pero de desigual de juego. Destacaron cuarto y quinto.

Antonio Ferrera (grana y oro): ovación con saludos, silencio y vuelta tras petición.

Emilio de Justo (nazareno y oro): ovación con saludos, dos orejas y ovación saludos tras petición.

 

Saludaron tras banderillear el primero Joao Ferreira y Fernando Sánchez; en el cuarto Morenito de Arlés; y en el sexto, Pérez Valcácer y Abraham Neiro.